Cada máquina o pieza que se lava con disolvente genera inevitablemente un producto contaminado. Para la empresa esto se traduce en un doble coste: por un lado la compra continua de disolvente nuevo, por otro la eliminación del disolvente agotado como residuo especial, con todas las cargas económicas, burocráticas y ambientales que ello conlleva. Existe, sin embargo, un enfoque que da la vuelta a esta lógica: la recuperación del disolvente mediante destilación.
Cómo funciona la destilación de los disolventes
El principio es una separación física: el disolvente contaminado se calienta de forma controlada hasta su evaporación, mientras que los contaminantes — tintas, resinas, lodos — permanecen en el residuo. El vapor se condensa a continuación y el disolvente recuperado vuelve al ciclo productivo con las mismas características químico-físicas que el original, listo para reutilizarse en los siguientes lavados. El resultado es inmediato y medible: menos disolvente que comprar, menos residuo que eliminar, menos desperdicio global.
Automatización y seguridad
Los destiladores Ciemme, desarrollados por el socio industrial de OVIT, llevan este principio a escala de instalación industrial. El ciclo es totalmente automático y funciona en continuo, reduciendo al mínimo la intervención humana y las paradas de máquina. La destilación al vacío permite tratar incluso disolventes con puntos de ebullición elevados en condiciones más seguras y eficientes, mientras que el sistema autolimpiante elimina las operaciones manuales de retirada de residuos. La certificación ATEX garantiza la idoneidad para la instalación en atmósferas potencialmente explosivas, requisito imprescindible cuando se trabaja con disolventes inflamables.
Las instalaciones son modulares y configurables para cada sector — de la impresión al coating, de la química a los fotopolímeros — con capacidades de tratamiento de hasta 8.000 litros al día e integración Industria 4.0, lo que abre además la puerta a los beneficios fiscales vinculados a la digitalización de los procesos productivos.
El círculo se cierra: lavado + recuperación
Para un impresor, combinar los sistemas de lavado automáticos OVIT con un destilador Ciemme significa cerrar el círculo del proceso: las máquinas lavan las distintas piezas de forma estandarizada y eficiente; el destilador regenera el disolvente utilizado y lo devuelve al circuito. Es la sinergia industrial entre ambas realidades, hoy parte del mismo grupo: una única cadena que une calidad de limpieza, reducción de los costes operativos y sostenibilidad económica y ambiental.
Una inversión que se amortiza
El retorno de la inversión en una instalación de destilación se calcula fácilmente comparando tres partidas: el coste anual de compra del disolvente nuevo, el coste de eliminación del residuo y el volumen de disolvente recuperable. En la mayoría de las realidades productivas con consumos medios o altos, la recuperación cubre la inversión en plazos sorprendentemente breves — y, a partir de ese momento, solo genera ahorro.